domingo, 17 de abril de 2016

Entrada 6

Cada vez me siento más cómodo con el libro. La reacción de la gente es considerablemente opuesta a la que esperaba. Quiero decir que su reacción es de gusto, se interesan por él. Mentiría si digo que esperaba silencio. ¡Claro que no! claro que esperaba que les gustara, se escribe para eso, pero siempre creí que este libro era un libro para mediano plazo, que habría que dejarlo estirar las piernas, quitarse los zapatos, tener a la mano café y cigarrillos y entonces, sólo entonces, encontraría a sus lectores. No es que desconfiara de él -o de mí, en todo caso- sino que sé de antemano que es una lectura poco usual y eso haría que se desdeñara de primera impresión: ¡no, qué va, demasiado extraño! cosas así. Pero es la segunda vez que leo fragmentos en público y las reacciones han sido similares. Sorpresa, interrogación, interés. Preguntan por él y eso sí no lo esperaba en lo mínimo. Acudiendo a Aristóteles, quizá la respuesta esté en el punto medio, quizá sigue siendo una obra para mediano plazo y lo único que ha logrado, es certificar que las excepciones y que más de dos lo podrán disfrutar desde el inicio.Ya quisiera tenerlo en mis manos, impreso como se debe, pero falta tiempo.

viernes, 15 de abril de 2016

Entrada 5

Al final todo salió bien. Me gustó la reacción de los chicos. El tiempo que se dedicó a las preguntas fue el más interesante. Se involucraron, se sintieron cómodos, revelaron -algunos- sus deseos de escribir. Mostraron interés en los dos libros, tanto en el de Justes como en el mío. Me quedo satisfecho.
Saliendo fuimos a Gandhi, no me pude resistir a comprar la edición de Farabeuf del Colegio Nacional. Es simplemente hermosa. Está a la altura de la obra. Los contenidos son maravillosos. Ya quiero sentarme a leerla y enmarcaré el póster que incluye. Lo haré a la brevedad y lo colgaré en mi estudio o en la entrada de la casa. Después acompañe a JLJ a comprar una libreta y terminé por comprar otra pluma, una Pilot. La siento cómoda, ligera, de trazo fino y firme. Confesaré que las prefiero pesadas, como mi Covey, por una mera cuestión de ritmo, aunque esta será más usada, lo sé. Su peso me permite escribir más rápido, en todo caso alternaré su uso junto con mi Shaeffer. Ahora también quiero otras libretas, nunca dejaré de hacerlo: soy un fetichista. Ya metido en esto, ocupo reparar mis máquinas de escribir. Quiero escribir mi nueva novela ahí.

jueves, 7 de abril de 2016

Entrada 4

Días de mucho trabajo. He estado editando un par de libros que no merecen publicarse. Uno de ellos logré que lo descartaran. Ya habían tomado la decisión, pero les faltaba el impulso final. Eso hice. Fui duro con mi juicio, pero no se podía hacer otra cosa. Mi dictamen es justo. Con el otro tuve que ceder. Un libro simpático sobre leyendas de Aguascalientes, pero sin pies ni cabeza, comenzando por la introducción, que yo quitaría completa y comisionaría a alguien a que la hiciera ¿pero a quién? Nadie arriesgaría nada con un libro tan pobremente escrito. Apenas le dimos la primero pasada, faltan al menos dos más. Estoy seguro que con la segunda -quizá la tercera- quedará legible, ¡pero legibles son también los folletos de pizzas de los cruceros!; no, le hace falta algo más y este libro no lo tiene. El escritor no sabe escribir, punto. Este libro, estoy seguro, pasaría mejor como cuentos -habría que escribirlos, por supuesto- que como memoria. Considero que un cuentista medianamente capaz podría hacer algo con ese material, pero es tan burdo, tan áspero, tan agreste, que nadie lo tomaría en serio. Como quiera que sea, no hay más, el libro sale en unos meses, todavía queda trabajo por hacer.
Ayer terminé de imprimir los tres juegos de la novela. Ya se va al concurso la próxima semana. Esperemos que resulte. Le tengo tanta fe que me hace daño. Si no pasa nada ahí, con el concurso quiero decir, probaré suerte con un par de editoriales. Lo peor que puede pasar es que me rechacen otra vez. Estoy tan acostumbrado a eso, que ya no le doy importancia. El placer está en escribir los libros, no en publicarlos, o es otro tipo de placer, para ser justos. ¡Cómo quisiera tener ya al menos un poco de tiempo libre para comenzar mi nueva novela! Unos días al menos. Me encantaría escaparme unas tres semanas a algún lugar donde pueda esconderme entre la gente, caminar, meterme en un café, escribir sosegadamente, llegar al hotel y pasar en limpio los borradores. Creo que no será posible, al menos, por otros seis meses. Ya son dos meses con la idea dando vuelta en la cabeza y no he puesto siquiera la primera piedra. Necesito leer antes un par de cosas para arar el terreno, para ir adquiriendo tono y temperatura. Quiero algo negro negro y violento violento. Algo en el tono de Ortuño o de Solares. Iré por La fila india y Méjico y por Los minutos negros y por No manden flores, sacaré cosas de ahí, estoy seguro.
He estado viendo algunas películas, nada memorable ciertamente, cosas pasajeras; pero cumplen su función, su sino distractor. Ocupo ya también algo de cine, digamos, estimulante. Quiero volver un poco a Fellini, a Bergman, a Kubrick. Ocupo ya de esas cosas, dejarme inundar por su rigor, por su ritmo, por su vértigo.
Lo qué sí he hecho, es revisar completa la discografía de Sigúr Ros, ¡Qué oscura y melancólica maravilla! Seguiré por ahí un par de semanas más. Le daré su tiempo a Godspeed you! Black Emperor y a A Silver Mount Zion.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Entrada 3

Sigo con las cartas de Julio. Algún día tendré que sentarme a dejar claro como en materia de lecturas no tengo nada claro y sigo adelante sin sistema.Tomo y abandono a placer. Nunca tengo sólo un libro conmigo, siempre muchos. La cosa es, leyendo unas cartas de Julio del cincuenta y tres en donde habla de sus bichos, me volví a hermanar con él, me volvió a dar respuestas y esperanzas. Julio quería mucho a sus bichos, como yo quiero a mis cuentitos. Se nota que le duele cuando a la gente no le gustan, o peor aún, los rechazan. Yo no cuento con lectores así que no puedo decir que me los han rechazado, pero con la excepción de Víctor, a quien sí le gustaron e incluso tiene sus favoritos, todos los amigos que los han leído, me los regresan con un montón de gestos amables pero aprendidos: mecánicos. Son generosos y por eso no dicen nada malo de ellos, pero sé que no los han encontrado interesantes ni divertidos. Son ejercicios lúdicos. Nunca quise que la gente pensara con ellos, no son un aparato filosófico; quería, eso sí, que pasaran un buen rato con ellos y nada más. Que los sacaran un domingo a una plaza llena de pájaros y de niños a que tomaran el sol, que los leyeran junto a una fuente, que al pararse por un helado los olvidaran en una banca y otra persona los lleve, de pronto, a una habitación en donde se verá con una mujer casada para amarse secretamente; ella los verá y se sentirá querida pensando que son un obsequió. Los llevará a su casa sin mayor explicación y a veces, en las tardes de lluvia, procurará un café a la mano, se acomodará como caracol entre las cobijas y el alto respaldo, y se quedará leyendo esos cuentos que le llegaron así, sin ninguna modestia. Quizá ella los aprecie un poco.
Al ver a Julio -no digo esto como una figura retórica, juro que lo puedo ver con la cabeza un poco de lado, junto a su ventana mateando con su juventud perpetua echada encima, triste porque las personas no quieren a sus bichos. Dan ganas de acercarse y palmearle la espalda. Julio, hermano, no te preocupes, la gente adorará a tus cronopios, serán a un tiempo la delicia y el ideal de todos, sobre todo a ese cronopio mayor que es la Maga misma. Pero nada, uno no sabe a dónde irá a parar ese bicho que anda y anda.
Por lo pronto yo quiero mucho a mis cuentitos, aunque nadie quiera creer en ellos ni un poquito.

viernes, 18 de marzo de 2016

Entrada 2

Al fin, después de mucho tiempo, pude conseguir varios discos que deseaba tanto, tanto. Thirty sonatas for the Harpsichord de Domenico Scarlatti grabadas por Joseph Pyne; Orchestral Music de Rachmaninov con la sinfónica de Saint Louis, dirigida por Leonard Slatkin; 24 preluds and Fugues de Dmitri Shostakovich, de Keith Jarrett. También estoy a nada -quizá hoy mismo- de tener una colección de siete discos con las más importantes grabaciones de Glenn Gould. Es música que codiciaba. Habrá que inventar ceremonias de interior, tener siempre a la mano un paquete de cigarros, quizá -por qué no- una botella de vino. Me entregaré todo el fin de semana a beberme a estos colosos.

jueves, 17 de marzo de 2016

Entrada 1

Sigo con la voz de Julio un poco metida en los huesos. Leo con atención sus cartas, siempre naturales, siempre take -a él le gustaría esa imagen-, siempre frescas y gratas y tantas cosas más. Hay algunas verdaderamente memorables, que habría que incluir, no tengo ninguna duda de ello, entre sus mejores páginas. Para mí estas, junto con algunas de Octavio, son fundamentales. Legado de enseñanza no premeditada. Recuerdo de pronto una de Paz a Pepe Bianco. Habla en ella sobre poesía. ¡Qué maravilla! Desglosa en apenas un puñado de líneas lo que es la poesía moderna y su función. De Julio sobre todo me gustan las que le escribe a Eduardo. Tratados implacables de plástica. Inmejorables descripciones. Regresé de pronto a la entrevista que le hizo Soler Serrano: una delicia. Nada, escribo esto ya con los ojos caídos, pero no quería pasar otra madrugada sin dibujar algunas palabras al respecto.