Al final todo salió bien. Me gustó la reacción de los chicos. El tiempo que se dedicó a las preguntas fue el más interesante. Se involucraron, se sintieron cómodos, revelaron -algunos- sus deseos de escribir. Mostraron interés en los dos libros, tanto en el de Justes como en el mío. Me quedo satisfecho.
Saliendo fuimos a Gandhi, no me pude resistir a comprar la edición de Farabeuf del Colegio Nacional. Es simplemente hermosa. Está a la altura de la obra. Los contenidos son maravillosos. Ya quiero sentarme a leerla y enmarcaré el póster que incluye. Lo haré a la brevedad y lo colgaré en mi estudio o en la entrada de la casa. Después acompañe a JLJ a comprar una libreta y terminé por comprar otra pluma, una Pilot. La siento cómoda, ligera, de trazo fino y firme. Confesaré que las prefiero pesadas, como mi Covey, por una mera cuestión de ritmo, aunque esta será más usada, lo sé. Su peso me permite escribir más rápido, en todo caso alternaré su uso junto con mi Shaeffer. Ahora también quiero otras libretas, nunca dejaré de hacerlo: soy un fetichista. Ya metido en esto, ocupo reparar mis máquinas de escribir. Quiero escribir mi nueva novela ahí.
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