Sigo con la voz de Julio un poco metida en los huesos. Leo con atención sus cartas, siempre naturales, siempre take -a él le gustaría esa imagen-, siempre frescas y gratas y tantas cosas más. Hay algunas verdaderamente memorables, que habría que incluir, no tengo ninguna duda de ello, entre sus mejores páginas. Para mí estas, junto con algunas de Octavio, son fundamentales. Legado de enseñanza no premeditada. Recuerdo de pronto una de Paz a Pepe Bianco. Habla en ella sobre poesía. ¡Qué maravilla! Desglosa en apenas un puñado de líneas lo que es la poesía moderna y su función. De Julio sobre todo me gustan las que le escribe a Eduardo. Tratados implacables de plástica. Inmejorables descripciones. Regresé de pronto a la entrevista que le hizo Soler Serrano: una delicia. Nada, escribo esto ya con los ojos caídos, pero no quería pasar otra madrugada sin dibujar algunas palabras al respecto.
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