Días de mucho trabajo. He estado editando un par de libros que no merecen publicarse. Uno de ellos logré que lo descartaran. Ya habían tomado la decisión, pero les faltaba el impulso final. Eso hice. Fui duro con mi juicio, pero no se podía hacer otra cosa. Mi dictamen es justo. Con el otro tuve que ceder. Un libro simpático sobre leyendas de Aguascalientes, pero sin pies ni cabeza, comenzando por la introducción, que yo quitaría completa y comisionaría a alguien a que la hiciera ¿pero a quién? Nadie arriesgaría nada con un libro tan pobremente escrito. Apenas le dimos la primero pasada, faltan al menos dos más. Estoy seguro que con la segunda -quizá la tercera- quedará legible, ¡pero legibles son también los folletos de pizzas de los cruceros!; no, le hace falta algo más y este libro no lo tiene. El escritor no sabe escribir, punto. Este libro, estoy seguro, pasaría mejor como cuentos -habría que escribirlos, por supuesto- que como memoria. Considero que un cuentista medianamente capaz podría hacer algo con ese material, pero es tan burdo, tan áspero, tan agreste, que nadie lo tomaría en serio. Como quiera que sea, no hay más, el libro sale en unos meses, todavía queda trabajo por hacer.
Ayer terminé de imprimir los tres juegos de la novela. Ya se va al concurso la próxima semana. Esperemos que resulte. Le tengo tanta fe que me hace daño. Si no pasa nada ahí, con el concurso quiero decir, probaré suerte con un par de editoriales. Lo peor que puede pasar es que me rechacen otra vez. Estoy tan acostumbrado a eso, que ya no le doy importancia. El placer está en escribir los libros, no en publicarlos, o es otro tipo de placer, para ser justos. ¡Cómo quisiera tener ya al menos un poco de tiempo libre para comenzar mi nueva novela! Unos días al menos. Me encantaría escaparme unas tres semanas a algún lugar donde pueda esconderme entre la gente, caminar, meterme en un café, escribir sosegadamente, llegar al hotel y pasar en limpio los borradores. Creo que no será posible, al menos, por otros seis meses. Ya son dos meses con la idea dando vuelta en la cabeza y no he puesto siquiera la primera piedra. Necesito leer antes un par de cosas para arar el terreno, para ir adquiriendo tono y temperatura. Quiero algo negro negro y violento violento. Algo en el tono de Ortuño o de Solares. Iré por La fila india y Méjico y por Los minutos negros y por No manden flores, sacaré cosas de ahí, estoy seguro.
He estado viendo algunas películas, nada memorable ciertamente, cosas pasajeras; pero cumplen su función, su sino distractor. Ocupo ya también algo de cine, digamos, estimulante. Quiero volver un poco a Fellini, a Bergman, a Kubrick. Ocupo ya de esas cosas, dejarme inundar por su rigor, por su ritmo, por su vértigo.
Lo qué sí he hecho, es revisar completa la discografía de Sigúr Ros, ¡Qué oscura y melancólica maravilla! Seguiré por ahí un par de semanas más. Le daré su tiempo a Godspeed you! Black Emperor y a A Silver Mount Zion.
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