Al fin, después de mucho tiempo, pude conseguir varios discos que deseaba tanto, tanto. Thirty sonatas for the Harpsichord de Domenico Scarlatti grabadas por Joseph Pyne; Orchestral Music de Rachmaninov con la sinfónica de Saint Louis, dirigida por Leonard Slatkin; 24 preluds and Fugues de Dmitri Shostakovich, de Keith Jarrett. También estoy a nada -quizá hoy mismo- de tener una colección de siete discos con las más importantes grabaciones de Glenn Gould. Es música que codiciaba. Habrá que inventar ceremonias de interior, tener siempre a la mano un paquete de cigarros, quizá -por qué no- una botella de vino. Me entregaré todo el fin de semana a beberme a estos colosos.
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